domingo, 9 de octubre de 2011

nueve del diez del dos mil once

Me estoy meando.

Y cuando digo piensa no pienso. Y cuando quiero no pensar no pienso. Soy el aparato peor construido del mundo. Y las cosas no me gustan cuando me tienen que gustar y las necesito cuando no las tengo en las manos. Pero qué cojones me pasa. Soy raro. No sé lo que quiero ni cuando lo quiero. No estoy seguro de nada, todo son juegos infinitos. Espejos contrapuestos. Infinitas soluciones. Ser lo más racional posible te hace ser lo más irracional posible.
Parece que cuando los franceses vayan a hablar se hayan quedado enganchados. Como un Windows 95 y el nuevo photoshop. Ojos y labios de pez. Dios qué asco me das cabrón. Cómo odio tener que darte los buenos días.
Mi dedo gordo del pie es una puta berenjena. ¿Quiero que alguien lea esto? No tengo ni idea. Estoy atomizado, me he convertido en cereales de colores. Tengo una personalidad aparente sin nada debajo. No soy nadie. Soy millones de flechas concéntricas, cuando la presión sea excesiva se desharán y desapareceré otra vez. Y volveré a aparecer otra vez, con mis espejos contrapuestos, mi incapacidad para explicarme, mis teorías siempre insuficientes para explicarme como soy. Mi incapacidad de utilizar mi cerebro cuando quiero.
La gente no me entiende, parece ser. Me trabo y digo palabras sin aparente sentido. Me siento estúpido, me pica todo, trago saliva y se me ensucia el pelo. Siento los brazos demasiado cortos y las piernas demasiado cortas. Hay como una docena de americanos american style gritando, poniéndose borrachos buscando el coma etílico. Yo he tirado una bolsa con agua por una terraza y me he hecho colega de varios seguratas. Incluyendo una pava. No hay nadie que me sepa escuchar.
Nadie, en realidad ni yo sé escucharme. No puedo evitar querer interrumpirme, forzarme a pensar algo romántico, algo que guste a todos, que sea de buen ver, que cambie la opinión de la gente sobre mí, que me haga atractivo más fácilmente.
No voy a solucionar nada, ni ahora ni nunca, y podré hacer tantos diagramas como me salga de los cojones, no voy a resolver nunca nada. No hay manera óptima de actuar. Todo son espejos contrapuestos, todo son conferencias llenas de eduardos punset, lacasitos, hierbabuena, floritura, quistes ováricos, orgasmos predefinidos, sopa de hinojo, manutención prematura, signos de interrogación, hijos secundarios, malentendido, y un largo etcétera seguido de otros cuantos etcéteras más (un poco más cortos).
Secuestro. Ah, y qué bonito es las Vegas. ¿Por qué tengo que contarle las cosas a la gente como ellas quieren? ¿No será que soy gilipollas? No se me entiende, es imposible, es improbable, es definitivamente más que improbable. Cuando pienso en esto solo pienso en oreos y chips ahoy. Quiero absurdo pero quiero seriedad, quiero independencia pero con cuidado, quiero lo que no tengo y lo que no quiero y lo que no puedo dar y lo que no puedo recibir. Estoy condenado a ser infeliz mientras me acuerde de mi condición de infeliz. Sí, nada terminará teniendo sentido, no estoy escribiendo para ti, o no quiero escribirlo para ti. Me quiero autoconvencer. Y no, no voy a poner una canción ahora por lo que puedas pensar de mí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario