Esto es lo más fácil que existe. Incluso desde un váter es fácil.
No sabes llegar a ninguna parte, lo único que queda es despreciar. Odiar no es más que no saber amoldarte a los hechos, no saber cómo enfrentarte con una pared de realidad, con una olla de aceite hirviendo de realidad, con un ejército de vástagos del infierno de realidad.
Odiar es símbolo de algo oculto. El odio siempre se puede despedazar en razones más pequeñas para buscar algún orden astrológico en las piezas. Casi siempre muchas tienen ciertas cosas en común: inseguridad, lazos, dogmatismo y sufrimiento.
Casi siempre.
Y supongo que no tengo nada más que decir. Odiar es una palabra tal vez demasiado fuerte. Como casi todo. Siempre se exagera todo para darle más contorno, más transcendencia. Si especificas el grado ya no es tan creíble. El idioma está dominado por los gilipollas y por vendedores de teteras.
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